Prometeo y Pandora Abril 12, 2008
Posted by nakago in Mitos.2 comments
Según los primeros griegos, los creadores del hombre fueron Zeus y Prometeo. Promteo era un Titán, uno de los viejos dioses que había ayudado a Zeus en su lucha contra Crono. Fue Prometeo el que modeló a los primeros hombres de barro, concediéndoles la posición erecta para que mirasen a los dioses y Zeus les dió el soplo de la vida.
Los primeros hombres eran aún seres primitivos que vivían de lo que podían matar con sus arcos de madera, sus hachas de cuerno y sus cuchillos, y de las escasas cosechas que lograban hacer crecer. No conocían el fuego, así que comían la carne cruda y se envolvían en gruesas pieles para abrigarse del frío. Eran incapaces de hacer vasijas o escudillas y no sabían trabajar los metales para procurarse herramientas útiles y armas.
Zeus estaba contento de que vivieran en aquél estado, porque temía que alguno pudiera crecer lo suficiente como para rivalizar con él. Pero Prometeo había aprendido a amar al género humano y sabía que con su ayuda los hombres podían progresar. Él y Zeus habían creado a la raza humana, no unos animales cualquiera.
- Tendríamos que enseñarles el secreto del fuego- dijo a Zeus- si no serán siempre como niños. Tendríamos que terminar lo que hemos empezado.
- Son felices con lo que tienen- respondió Zeus- ¿Paraqué preocuparnos?
Prometeo comprendió que no conseguiría convencer a Zeus y entonvces subió secretamente al Olimpo- donde ardía el fuego día y noche- y encendió una tea. Con ella prendió un pedazo de carbón vegetal hasta convertirlo en un tizón, lo escondió entre unos tallos de una planta de hinojo y se lo llevó a los hombres.
Aquel primer tizón proporcionaría el fuego a los hombres y Prometeo les enseñó a usarlo. También los ayudó de otros modos. Por ejemplo, cuando se hacían sacrificios, la parte mejor de la carne del animal sacrificado iba siempre destinada a los dioses, y la peor a los hombres. Valiéndose de un engaño, Prometeo aseguró a los hombres una parte más adecuada. Dividió la carne de un buey en dos montones: uno, el más aparatoso, no contenía más que huesos mondos cubiertos de grasa; el otro, la carne mejor. Zeus escogió el primero y al verse engañado de ese modo se encerró en un irritado silencio.
Con ayuda de Prometeo el hombre hizo rápidos progresos. Aprendió a modelar vasijas y escudillas, a construir casas con bloques de arcilla cocida y con el tejado de ladrillos en vez de trenzado de cañas. Aprendió a trabajar el metal para defenderse y cazar. Pero una noche en que Zeus estaba mirando desde el cielo, vió un fuego que ardía en la tierra y comprendió que había sido engañado. Mandó llamar a Prometeo.
- ¿No te prohibí que dieras a conocer al hombre el secreto del fuego?- preguntó- dicen que eres sabio, pero ¿no comprendes que con tu ayuda algún día el hombre desafiará a los dioses?
- No tiene por qué suceder, si lo amamos y le damos buenas enseñanzas- respondió Prometeo.
Pero Zeus se enfureció sobremanera y no quiso oir más explicaciones. Ordenó que Prometeo fuese llevado a las montañas del este y encadenado a una roca. Un águila feroz se alimentaba todos los días con su hígado, y el hígado volvía a crecerle durante la noche para que la tortura pudiera empezar otra vez. Pasaron muchos años antes de que Prometeo fuera liberado: hay quien dice que treinta mil, y no está claro cómo sucedió. Según una leyenda fue a liberarlo el poderoso Hércules. De todos modos, Zeus no había quedado satisfecho con su venganza e hizo sufrir todavía al género humano.
Por voluntad suya su hijo Efesto modeló una muchacha con unamezcla de arcilla y agua. atenea le infundió el soplo de la vida y la instruyó en las artes femeninas de la costura y la cocina; Hermes, el dios alado, le enseñó la astucia y el engaño y Afrodita le mostró cómo conseguir que todos los hombres la desearan. Otras diosas la vistieron de plata y le ciñeron la cabeza con una guirnalda de flores; luego la llevaron en presencia de Zeus.
- Toma este cofrecito- le dijo entregándole una cajita de cobre bruñido- Es tuyo, llévalo siempre contigo, pero no lo abras por nada del mundo. no me preguntes la razón y sé feliz, ya que los dioses te han dado lo que todas las mujeres desean.
Pandora, que así se llamaba la muchacha, pensaba que el cofrecito estaría lleno de joyas y piedras preciosas.
- Ahora tenemos que encontrarte un marido que te ame, y yo conozco el hombre adecuado: Epimeteo. Él te hará feliz.
Epimeteo era hermano de Prometeo, pero le faltaba toda la prudencia de su hermano. Prometeo le había advertido que no aceptara ningún regalo de Zeus, pero él, un poco halagado y quizá temeroso de rechazarle, aceptó a Pandora como esposa. Hermes acompañó a la muchacha gasta la casa del flamante marido en el mundo de los hombres.
- bueno, amigo Epimeteo- le dijo- no olvides que Pandora tiene un estuche que no debe abrir bajo ningún concepto.
Epimeteo tomó el estuche y lo colocó en un sitio seguro. al principio Pandora fue feliz con él y olvidó el estuche; más tarde empezó a reconcomerla el gusanillo de la curiosidad.
- ¿Por qué no podemos ver al menos lo que contiene?- le dijo un día a su marido.
Luego mientras Epimeteo dormía abrió el coofrecito y, rápidos como el viento, salieron todos los males que desde entonces nos afligen: el cansancio, la pobreza, la vejez, la enfermedad, los celos, el vivio, las pasiones, la suspicacia… Desesperada, Pandora intentó cerrar el cofrecito, pero era demasiado tarde. su contenido se había desparramado por todas partes. La venganza de Zeus se había realizado: la raza humana no podía ser noble como había querido Prometeo. La vida sería una lucha constante contra dificultades de todo género. Había pocas probabilidades de que el hombre pudiera aspirar al trono de Zeus.
Pero el triunfo del rey de los cielos no era completo. Una cosita de nada había quedado en el fondo del estuche y pandora consiguió encerrarla. era la esperanza. Con ella el género humano había encontrado la manera de sobrevivir en este mundo hostil. La esperanza les daba una razón para seguir viviendo.